Lgtb blues

LGTB BLUES 1921-1965. Héctor Martínez González.
Allanamiento de Mirada. 2025. 373 páginas.

Punto de partida: el autor, Héctor Martínez, y la editorial, Allanamiento de Mirada. Aléjese, pues, toda sombra de oportunismo al abordar el estudio del blues desde una óptica queer. Este es un libro serio, que habla de música, sí, pero sobre todo es Historia, documentada y rigurosa, sin hipótesis ni teorías, sin discursos. La realidad histórica que hunde sus raíces en el siglo XIX. Martínez podría haber elaborado un diccionario enciclopédico, pero ha preferido dar forma narrativa a su abrumador saber. Nos encontramos, pues, ante una acumulación ingente de datos y de nombres propios, a través de los que fluye suavemente la visión animada de unos años en los que ser diferente o vivir la sexualidad más allá de los márgenes se trasladaba a la música de la comunidad negra de los Estados Unidos, a veces veladamente, a veces con descaro. Es una historia que sucede en los prostíbulos o en los nite clubs, en los fumaderos de marihuana o en los speakeasies, en las salas de fiesta o en los buffet flats y rent parties, en el chitlin' circuit y en los tent shows. Un fenómeno predominantemente urbano, con representación en Harlem, en el Bowery, en Chicago, en la Barbary Coast de San Francisco, en cualquier ciudad con un barrio rojo y una población negra dispuesta a romper las reglas y divertirse. En la urbe ser diferente era más fácil - o menos difícil - que en la América rural. Hablamos de garitos en los que hay música y canciones con letras osadas. Martínez nos adentra en la jerga necesaria para comprender el verdadero sentido de lo que decían esas canciones, especialmente en su forma original, libre de una censura - autocensura incluso - que aparecerá en el momento de grabar las canciones. Es el lenguaje eufemístico y soez de los barrios negros y del blues, llevado a su máxima expresión en los locales del "ambiente". A lo largo de las primeras cien páginas nos encontramos con hombres que se disfrazan de mujeres y mujeres que visten frac, predicadores que alertan del pecado más sucio y otros que lo gozan, mujeres enamoradas que pasean cogidas de la mano, artistas que ocultan su sexualidad y artistas que la proclaman,  fiestas libertinas y sórdidos encuentros que escandalizan al propio García Lorca, profesor visitante en Nueva York. Desfilan músicos desconocidos, poco conocidos y muy conocidos. Una época dorada, o más bien lila (lavender), que acaba bruscamente en la década de los 50, cuando el código Hays se impone y ser homosexual se convierte en un amenaza para la seguridad nacional.  Como es habitual en esta colección literario-musical el texto incluye las letras de un buen número de canciones, más de un centenar, y su traducción, así como los archivos digitales de grabaciones restauradas con mimo por Paco Espínola.


Ronnie Lane Ooh La La!

RONNIE LANE OOH LA LA LA! Vida y obra de un (Small) Face. Javier Cosmen Concejo.
Sílex. 2025. 322 páginas.


Regresa Javier Cosmen a un escenario en el que dioses y semidioses convivían en Londres. Si en ocasiones anteriores se fijó en etapas concretas de The Who y The Rolling Stones, en esta ocasión recorre la biografía completa de Ronnie Lane. Una apuesta arriesgada, dirigida a un público mucho más reducido, en el que cualquier reclamo se queda corto: no es lo mismo citar en el título de un libro las palabras "Quadrophenia" o "Sticky Fingers" que "Ooh La La!", que a muchos nos lleva más a Montmartre que al East End. Además, ¿quién es Ronnie Lane y por qué ha de interesarnos leer trescientas páginas sobre su vida y obra? Ni siquiera las bandas que creó o contribuyó a crear - Small Faces, Faces, Slim Chance - ocupan los primeros lugares en la historia del rock, y algunos de sus compañeros en ellas - Ron Wood y Rod Stewart - han gozado y gozan de una notoriedad que sin duda atraería a más lectores. Cosmen lo justifica en su introducción: "pude ver en él al ser humano mucho antes que a la celebridad", dice. Es esta una historia triste y sin final feliz, nos advierte, como si quisiera prevenir a quien se proponga leer las andanzas de su personaje. Es un libro honesto, en el que el autor nos presenta a Lane en toda su descarnada humanidad, y de ese modo se nos hace entrañable en su patetismo. No fuerza Cosmen los elementos dramáticos ni embellece las zonas de sombra. Es lo que es, la vida de un chaval londinense que soñó con ser músico y que murió siéndolo, que luchó por hacer la música que quería hacer y no otra, que se sobrepuso a una enfermedad terrible e incapacitante, que sembró de luz los textos de sus canciones. La biografía de Lane es a la vez un rico mosaico de la música del momento, en el que aparecen numerosos personajes, obligando a Cosmen a introducir breves apuntes biográficos al paso, y se agradecen porque no llegan a distraer de la lectura y cumplen mejor que una nota a pie de página. Pero no nos engañemos, eso es solo contexto: si este libro nos interesa es por este hombrecillo, con apariencia de duende, que halló refugio en las enseñanzas de Meher Baba, en el calor de la amistad (ahí están Pete Townsend o Eric Clapton, por ejemplo, con quien tocaba por los pubs sin ser anunciados), en el amor de las mujeres con las que vivió y, por encima de todo, en la música, esa amante a la que nunca renunció. No fue una estrella, la fama le fue esquiva, vivió miserablemente mientras los demás disfrutaban de grandes mansiones, murió sabiendo que iba a morir. Es una historia triste, sí, es la que Cosmen quiso que conociéramos. En estos tiempos que corren es bueno leerla.