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Alaska y otras historias de la movida

ALASKA Y OTRAS HISTORIAS DE LA MOVIDA. Rafa Cervera.
Lunwerg. 2025 (edición revisada del original de 2002). 364 págs.


Este es un libro viejo, no tanto como para estar escrito mientras sucedían los hechos, pero lo suficiente como para no caer en la trampa de mitificarlos. Es curioso volver a esa edad intermedia, el año 2002, en la que Rafa Cervera ya no era el jovenzuelo que escribía su fanzine en el Madrid de los 80 y a la vez distaba de ser el escritor que los años siguientes revelaron. Cervera es en este libro un periodista sobrio, centrado en las historias cotidianas que conoció y revive y en aquellas que otros que las vivieron le contaron. Las historias hablan de Alaska: basta ver la tipografía de la cubierta para darse cuenta de que lo que importa aquí no es la denominada "movida (madrileña, por supuesto)" sino una de sus protagonistas, y no cualquiera sino la que ha conservado y magnificado con el paso del tiempo su estatus de estrella. Si Alaska no hubiera aparecido en la España gris de los setenta, los años siguientes habrían perdido color. Dicho así parece una exageración, pero prueben a borrarla de nuestra memoria y verán la diferencia. Olvido Gara es el hilo conductor de esta historia de pegamoides y dinaramas, el personaje y la persona que se funden en una sola, tremendamente humana, con sus dudas y su romanticismo, su imposible equilibrio en un entorno desquiciado y desquiciante, su voluntad de ser ella misma. La narración nos presenta numerosos actores secundarios, pero el papel principal no admitía competencia. Pobre Berlanga, que no lo entendió. Él no era nadie, ni lo era Nacho Canut, ni Ana Curra, que eran protagonistas de sus propias historias, pero no de la historia que fascinó a Umbral, aunque no comprendiera nada. No es de música de lo que hablamos. Si fuera así, el Zurdo o Eduardo Benavente, meros satélites del planeta Alaska, tendrían mucho más protagonismo del que tiene esta mujer. Este es el relato de cómo el underground madrileño proyectó al espacio sideral a un trío de adolescentes de colegios bien que no estaban hechos para la música y que acabaron rivalizando - oh cielos - con Mecano, una versión modosita de ellos mismos. La crónica de los años que cimentaron su leyenda es la de unos críos que se comportaban como tales, presos de emociones incontroladas, de cotilleos y celos, de berrinches y desahogos. Se creían divinos y quizá lo eran. Cervera exprime esos años a pie de calle, y nos regala retratos de una fauna extinta hoy - veánse las Costus o Paloma Chamorro - o metamorfoseada e irreconocible - ahí Almodóvar y McNamara -. En su acta de los hechos hay tanta observación como cariño. 

The Velvet Underground, etc

THE VELVET UNDERGROUND, ETC. El grupo que pervirtió la música rock. Rafa Cervera.
Libros Cúpula. 2023. 413 págs.


Libros Cúpula, editorial del grupo Planeta, aglutina una miscelánea de obras definidas como "del día a día". En ella se incluyen cosas como autoayuda, educación emocional, cocina, fútbol... y este libro. La ubicación del excelente trabajo de Rafa Cervera en este plantel provoca perplejidad. ¿Es la legendaria banda neoyorquina algo del "día a día"? Es cierto que evolucionaron del estado de malditos al de artistas de culto, de no ser seguidos más que por unos pocos a ser reverenciados por muchos, pero choca encontrarles compartiendo catálogo con el Cholo Simeone. Posiblemente sea este el signo de los tiempos, como las camisetas de The Ramones. Ay, Andy, mereces un lugar entre los profetas. De Warhol, por supuesto, se habla, y mucho, en el libro. Aunque su vinculación con la banda acabara pronto, la relación personal no se desvaneció, y su presencia / ausencia, perturbadora, llegó más allá de su muerte. También se habla mucho de Nico. Está en la cubierta, en esa magnífica imagen tintada de amarillo, precisamente de amarillo. No se puede entender The Velvet Underground sin Warhol y sin ella, sin sus contribuciones a eso que Cervera llama "pervertir la música rock". Por eso sus nombres encabezan dos de los capítulos de la primera parte del libro, perfiles biográficos de seis personas fuera de sitio en la sociedad de finales de los años 50, que encontraron su lugar siendo especiales. ¿Fueron The Velvet Underground una creación de Warhol? ¿Debemos considerar a Nico miembro de la banda? Rafa Cervera no se hace preguntas, pero las contesta todas al escribir esta historia que habla de la música como arte y transgresión, de rebelión y revelación (rebelarse / revelarse), de la gestación del futuro en unos pocos discos y actuaciones sin demasiado éxito. Rafa Cervera se pasea por The Factory, por el Max's y por el CBGB como un visitante de otro tiempo que extasiado toma notas en su libreta. En realidad se ha hundido en montañas de documentos que acumuló durante décadas y ha reconstruido el pasado para ofrecérnoslo, porque nosotros no estuvimos, porque nadie estuvo. Eran aquellos años en que The Velvet Underground eran un experimento ruidoso que se disolvió en el silencio, diseminando polvo estelar. Rafa Cervera lo cuenta como él sabe, con las palabras justas, guiándonos a lo largo de trescientas cincuenta páginas, una narración elegante y sobria, que no distrae del propósito del libro: explicar por qué lo que cuenta fue importante, por qué sigue siéndolo.

Porque ya no queda tiempo

PORQUE YA NO QUEDA TIEMPO. Rafa Cervera.
Jekyll & Jill. 2020. 268 págs.

A veces leer es un modo de encontrar la felicidad. Sospecho que Rafa Cervera ha sido feliz escribiendo este libro que se abre paso entre la melancolía. "Porque ya no queda tiempo" es una novela sobre sí mismo, dice. No es una biografía, no unas memorias. Por tanto no nos importa quién es o quién fue Cervera, aunque es cierto que lo sabemos, que los domingos desayunamos con su columna. No, Cervera no existe, es un personaje de una novela, y como tal tiene el mismo valor que Jay Gatsby o Dean Moriarty, por poner algún ejemplo, ese tipo de personajes que nos interesan porque están llenos de vida. Porque su creador ha sido capaz de hacerlos salir del papel en el que los ha alumbrado. En ese juego en el que desde su escritorio pasa al otro lado de la narración y se ve a sí mismo Rafa Cervera puede hacer todas las trampas que quiera, imaginarse o reinventarse, sin más fidelidad que la que debe al hombre que quiso ser, al que ha llegado a ser. Se veía como Holden Caulfield y el espejo le devolvía la imagen de Ignatius J. Reilly. El guardián entre el centeno, la conjura de los necios, hay mucha América en estas páginas cuyo epicentro es El Saler, la soledad arenosa y salitre del litoral valenciano. Valencia - Nueva York. Dos formas vivas de existencia en las que los protagonistas parecen caminar en la luz de su propio crepúsculo. El padre, la madre, el tío Rafa, los amigos de siempre, pareciera que Valencia no puede existir sin ellos, que de algún modo la ciudad no se derrumbará porque sus historias personales se han refugiado en este libro y desde él pueden volver a las calles. Nueva York - Valencia. Lou Reed, que da sentido a todo, sobre quien gira la novela, al que siempre vuelve. "Tú eres el motivo por el cual hago lo que hago", le dice. Lou le abraza. Ese abrazo no alimenta una crónica sino una emoción. El paseo de Cervera por el río Hudson con su padre no es parte de un diario de viaje. El mercante varado en El Saler no es una noticia de sucesos. Lou Reed, Bowie, Iggy Pop no son cromos de un veterano periodista. Tienen vida. Como las cintas de casete en las que graba las entrevistas. Como las libretas en que anota ideas. Como los mensajes del contestador. Como los hoteles. Incluso Andy Warhol es una persona, no un arquetipo de sí mismo, que es como siempre le he visto. Cervera va y viene en el tiempo, como si viviera en el pasado, como si hubiera vivido en el futuro. Al fin y al cabo, dice, ha escrito este libro mientras estaba vivo para que lo leyéramos ahora que ha muerto. Rafa Cervera, el personaje de "Porque ya no queda tiempo", murió cuando el libro entró en imprenta, divago. Rafa Cervera, el autor, sigue con su propósito de la última página: dejarse herir por lo que es hermoso.

Lejos de todo

LEJOS DE TODO. Rafa Cervera.
Jekyll & Jill, 2017. 132 págs.
Bowie es la excusa para hablar de la adolescencia en El Saler, que es la excusa para hablar de Bowie. Ese es el círculo perfecto de la novela corta de Rafa Cervera, y subrayo "corta", porque amo lo breve, lo que te deja el sabor en los labios cuando te abandona. "Lejos de todo" es escritura hecha de aromas, huele a dunas y pinadas, a mercados, a la primavera en Valencia. Cervera es un mago que te transporta a universos paralelos que va recorriendo libremente, con flash-backs tan sutiles que ni siquiera parecen saltos temporales. El tiempo en su novela se torna fluído y en su final, que no revelaré, se pliega sobre si mismo. En esos mundos habitan dos tríos de personajes: el narrador y dos amigos para los que el verano crea un espacio de soledad compartida; y Bowie, Iggy Pop y Coco Schwab, que buscan en Valencia la isla en la que curar heridas, un territorio donde todos son extraños. Cervera aísla con delicadeza ambas historias, evita el riesgo fácil de hacerlas coincidir, hace que apenas se rocen, lo justo, lo imprescindible para conectarlas. Basta un cruce de miradas, un gesto, para que la arquitectura narrativa tenga sentido. Si para el narrador El Saler es un exilio amado ("me gusta sentirme lejos de todo"), para Bowie su etapa valenciana viene a significar lo mismo, un lugar en el que se siente a gusto, donde puede romper con el pasado y seguir adelante, donde puede mirar a las gárgolas de La Lonja como a sus demonios interiores. Cervera utiliza su amplio conocimiento biográfico de Bowie para retratarlo con verosimilitud, insufla alma al personaje, lo construye con carne y huesos. Y utiliza hábilmente los recursos narrativos: el distinto modo de mirar el cauce seco del Turia define las personalidades de Bowie y, muchas páginas después, de Iggy; o Valencia, que es una línea de luces en el horizonte, y también un escenario de sol y luz, de librerías de viejo y de gente en las plazas, es el lugar del que huir y el lugar en el que encontrarse; o ese hilo, las hijas del Cid, que invisible se enhebra en las historias. Cervera entra y sale del relato a discreción, y treinta páginas antes de acabar, en una pirueta espléndida, nos habla del cuaderno adolescente en el que escribió la historia que ahora leemos. Cierro el libro, saco "Low" de su funda, y mientras lo escucho pienso que, por qué no, esas canciones las escribió Bowie a la sombra del Micalet aquel verano en que, lejos de todo, nunca estuvo en Valencia. Rafa Cervera lo ha hecho posible.